Vivo en un pueblo. Aquí se respira diferente. Hay tiempo, hay silencio, hay comunidad. Pero también hay distancia, servicios que no llegan, trámites que desesperan y proyectos que se quedan a medias porque faltan recursos o apoyo.
No escribo esto para que nadie nos compadezca. Lo escribo porque creo —de verdad— que el medio rural tiene mucho que ofrecer. Y también porque sé que, si queremos que nuestros pueblos no solo sobrevivan, sino que prosperen, necesitamos políticas públicas que funcionen y formas nuevas de hacer las cosas.
Aquí también hay innovación (aunque no siempre se vea)
Políticas públicas con los pies en el suelo
No queremos promesas que suenan bien pero luego no llegan. Queremos políticas públicas que entiendan el territorio, que escuchen a quienes vivimos aquí y que se construyan desde la realidad, no desde un despacho lejano.
Necesitamos:
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Conectividad de verdad, no solo en el papel.
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Servicios públicos pensados para lo rural, no copias de modelos urbanos.
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Apoyo al emprendimiento local, más allá de una subvención puntual.
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Simplificación administrativa, porque aquí los recursos son pocos y no podemos perder horas con burocracia.
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Presencia, escucha y continuidad. No un proyecto cada cuatro años.
Creer en el medio rural es invertir en futuro
Yo no quiero tener que irme para tener oportunidades. Y tampoco quiero que nadie tenga que elegir entre calidad de vida y servicios básicos.
Por eso, creo que la innovación y las políticas públicas bien pensadas pueden marcar la diferencia. No como algo externo que llega a salvarnos, sino como una herramienta para fortalecer lo que ya somos.
Porque en el medio rural hay presente, y sobre todo, hay futuro. Solo hay que mirar con otros ojos y empezar a hacer las cosas de otra manera. Con compromiso, con inteligencia y con voluntad real de cambio.

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